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NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS




El sábado, antes de que el jurado del Festival de Cine de San Sebastián premiara a los ganadores del certamen de este año, fui a ver la película "No habrá paz para los malvados". Los que estábamos en la sala fuimos inducidos por la expectación que se había creado en torno al film, una película policíaca sin concesiones.


A partir del   crimen cometido por el protagonista, la historia arrastra al espectador a seguir en vilo las andanzas de Santos Trinidad. Un hombre acorralado por las consecuencias de su violencia innata, que a la mínima saca el hierro que le quema para dejar dos o tres fiambres sin pestañear. Pero a su vez, como un policía profesional de élite, sabe dejar limpio el escenario del crimén y eliminar todas las pruebas que le puedan acusar. En este doble juego entre el irracional pistolero alcoholizado y el policía ejemplar, atormentado como está por un pasado que al parecer le persigue, se inicia una investigación con la que se deja expectante al espectador.


Las imágenes de la ciudad atrapan, el ambiente nocturno de discotecas con alterne  y el diurno, el  de las tascas con serrín, pinchos de huevo con mayonesa y máquinas tragaperras, enganchan por su vitalidad, el inspector entre cubata y cubata sigue su pista por los barrios céntricos y del extrarradio.  No hace partícipe de su búsqueda a nadie porque se sabe sospechoso, de modo que somos testigos de una doble persecución: la de Santos persiguiendo a los narcos y la que sufre él mismo, o sea la pescadilla que se muerde la cola..


En mi simpleza, para mí el gran error de la película consiste en dejar solo al protagonista, el perfil de corrupto desesperado sin salida  habría presentado mayor complejijdad, si  Santos Trinidad se hubiera enredado más en su entorno. Si hubiese tenido un choque más frontal con el inspector Leiva y la jueza Chacón, perfilándose el leve margen que queda entre el trabajo sucio y la mano dura de la ley, por ejemplo. Tampoco hubiese estado mal una relación con su confidente, más alla del "A mí no me quiere nadie" Santos Trinidad en una relación a trio hubiera ido más allá de la simple sugerencia. Por otro lado, en una escena aparece el hijo de un antiguo compañero, es una pena que  no se rememore  el pasado del protagonista para que el espectador pueda comprender mejor al personaje principal.


En su innata soledad el personaje pierde credibilidad para el espectador, pues  podía trenzar  con más astucia toda la trama y salir indemne, tal como hacen los policías malos de verdad en las pelis americanas. Porque una vez que Santos se da cuenta de que hay un grupo fundamentalista por medio y que la jueza sigue su misma pista, lo más verosimil es que justificase toda su investigación anárquica compartiendo la información y deteniendo a los que pretendían realizar una masacre.


En una película de tanto calado es importante la verosimilitud, que sea creíble. El director opta por presentar a un policía desquiciado que quiere resolverlo todo a tiros, pero durante la investigación no obra así, se le ve como un profesional, como un tío listo, la gente metódica e intuitiva lo es para todo, saben controlar los impulsos porque si no es imposible que la investigación tenga un buen fin.


El trabajo de los actores es extraordinario, desde Rachid, que lo borda, pasando por la juez, y el mismo Coronado, que da empaque a Santos Trinidad. Pero el personaje necesita ser enfocado en su relación con los demás,  más allá de los manporrazos que va dando, la evolución de los hechos tiene que reflejarse en la complejidad del personaje, si no se convierte en un personaje de encefalograma plano.


La película termina alertando de la posibilidad de que pueda volver a suceder un atentado a gran escala, con la muerte de numerosas personas inocentes. La historia puede tener cierta semejanza  con lo ocurrido en Madrid, no podemos olvidar que  los conflictos bélicos que todavía permanecen vigentes pueden acarrear consecuencias imprevisibles. Ni la labor de la policía, ni la Comunidad Mulsumana salen bien parados en la película, tal vez las circunstacias de lo sucedido en Madrid no permitan otra lectura, pero sí que todos deberíamos reflexinar y evitar todo tipo de violencia.



Cada uno de nosotros tiene una idea de las posibilidades de una película, en este film de Enrique Urbizu se nos  traslada una propuesta, que nos convezca o no dependerá de la lectura que hagamos a partir de nuestros gustos. Personalmente os recomendaría que vieseis  "No habrá paz para los malvados" por la sinceridad con la que está hecha y las múltiples lecturas que ofrece.

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