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LAS BANDERAS DE NUESTROS PADRES






Resulta gratificante comprobar que una película que esperas que te guste, no solo te agrade sino que incluso te entusiasme. C. Eastwood es todo un clásico por su modo de hacer, que en mi opinión refleja un modo de mirar, de entender la vida, que sin duda está creando escuela. En Las banderas de nuestros padres nos da su visión de la Segunda Guerra Mundial, de la guerra en definitiva, donde la vida humana depende de los avances geoestratégicos; es difícil entender el sentido de la existencia cuando miles de hombres mueren por apoderarse de una ladera, de una montaña, de una isla. Vemos como la tropa es carne de cañón. El detalle que augura todo lo que va a suceder, por ejemplo, es impresionante: cuando se dirigen a la isla que piensan arrebatar a los japoneses, un soldado al saludar y vitorear a los aviones que abren paso a la armada  cae al mar y nadie lo recoge; te quedas pasmado al observar lo injusto de la situación, el valor de la tropa es secundaria, es la estrategia la que importa, terrible.


Creo que la película muestra toda la crudeza de la guerra, miles de hombres avanzando hacia la muerte que los escoge al azar, triturándolos, despendazándolos o agujereándolos si ninguna piedad. Ante la guerra C. Eastwood reflexiona sobre el heroísmo, y para ello escoge uno de los máximos iconos que se dieron y que representa aquello por lo que miles de jóvenes dieron  su vida: levantar la patria, levantar la bandera que lo representa dando la vida a cambio.


Pero la película, además de plantear el hecho bélico, el trágico destino de  toda una generación de jóvenes que dejaran su vida en el campo de batalla, se propone analizar cómo son recibidos los jóvenes soldados tras volver a casa. Como el sacrificio de los soldados está ligado a un futuro común, el de la sociedad, el de los intereses socioeconómicos de una nación  que no devuelve, que no ayuda, que no ampara en lo individual a los miles de jóvenes que lo dieron todo. Parece como si toda su lucha no hubiera servido para nada. Los tres soldados que van representando la alzada de la bandera por Estados Unidos para recoger los bonos que ayuden a financiar el gasto militar, no ven que su vida cambie por lo que hicieron. Para los que vivieron la pesadilla de la guerra lo único concreto que queda es recuperarse del horror de ver como morían sus compañeros.


Sobre todo resulta paradógico que al analizar desde la actualidad lo sucedido, los ancianos que vivieron aquella pesadilla justifiquen su valentía aferrándose al instinto de supervivencia. No existía el heroísmo, seguían hacia adelante en una inercia que para ellos unicamente se justifica por el hecho de sobrevivir y ayudarse mutuamente en lo que podían, la suerte de cada uno estaba echada: lo único que podían hacer era sobrevivir por instinto a la sinrazón, que se justificaba en nombre del destino común.


El que los tres soldados de la película representasen a la tropa, al americano medio también me pareció un acierto. De los tres es el indio el que se lleva la peor parte, ya que en su caso su realidad no se corresponde con la del resto de los soldados, no tiene los mismos derechos y obligaciones que sus compañeros. En su caso, se puede decir que es un ciudadano de segunda aunque su sacrificio personal supera los límites de lo razonable. Los otros dos seguirán su camino en lo profesional como si la guerra no hubiese apenas existido, uno comenzará de nuevo a trabajar en la funeraria, y el otro ,desestimadas todas sus peticiones de empleo, acabará como guarda de unos almacenes.Son héroes y así se les considera, pero no reciben nada a cambio, su vida diaria está ligada a la de su país,  a la bonanza general, al bienestar de las generaciones futuras que también tendrán que vivir el horror de la guerra.


En fin, la película muestra el sinsentido del enfrentamiento bélico, de la matanza de miles de americanos y japoneses que son dirigidos hacia la muerte. Jóvenes que al volver a su país tampoco acaban de entender a cambio de qué lucharon. La película muestra cómo los jóvenes fueron llevados a la guerra,  y devueltos los que tuvieron la suerte de sobrevivir, y como al cabo de los años la gran mayoría no entiende por qué la historia  exige a los ciudadanos de paises diferentes que se maten entre sí.

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